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Cuál es la comida típica en Praga

Guía Definitiva: Comida Típica de Praga Que Debes Probar Como un Local

Qué comer en Praga: platos principales como un local

Los platos principales de la cocina praguense son robustos y llenos de sabor, perfectos para el clima frío de Europa Central. Estas son las cuatro joyas gastronómicas que debes probar si quieres comer como un auténtico checo.

1. Koleno: el rey de la carne checa

El codillo asado o koleno es, sin duda, el plato estrella por excelencia de la cocina checa. Esta pieza espectacular de cerdo puede pesar entre 1,5 y 3 kg por ración, lo que normalmente obliga a compartirlo entre varias personas (aunque muchos checos se lo terminan solos acompañado de una buena cerveza).

Lo que hace especial al koleno es su textura: crujiente por fuera y tan jugoso por dentro que la carne literalmente se cae del hueso. Su preparación es meticulosa: primero se sazona la carne con sal, pimienta y comino, después se cuece a fuego lento con cebolla y ajo, y finalmente se hornea hasta lograr esa piel dorada y crujiente.

Este plato campesino originario de Baviera se sirve habitualmente en una tabla de madera acompañado de rábano picante, verduras marinadas, mostaza y pan fresco. Para los más atrevidos, existe la versión con cerveza negra que intensifica aún más su sabor.

2. Goulash: estofado con historia

Aunque el goulash sea originario de Hungría, los checos han sabido adaptarlo y convertirlo en uno de sus platos nacionales más representativos. A diferencia de la versión húngara, que es más bien una sopa, el goulash checo es un estofado espeso de ternera con abundante salsa.

Este guiso contundente se prepara con carne de res cortada en cubos, muchas cebollas, pimentón, ajo, comino y mejorana. La cocción lenta permite que la carne quede tierna y absorba todos los sabores. Los checos incluso bromean diciendo que "el verdadero goulash es la salsa con los knedlíky, la carne es solo para acompañar".

Se sirve tradicionalmente con knedlíky (esas rodajas de pan cocido que mencionamos antes) perfectos para empapar la deliciosa salsa. En Praga, es común encontrarlo servido en el interior de un bollo de pan de hogaza a modo de cuenco.

3. Schnitzel: escalope al estilo checo

El schnitzel o řízek en checo es otro clásico centroeuropeo que refleja la influencia austriaca en la cocina checa. Aunque el Wiener Schnitzel original debe elaborarse con ternera según la legislación austriaca, en la República Checa es más común encontrarlo hecho con cerdo por ser más económico.

La técnica de preparación es fundamental: un filete fino de carne se aplana, se sazona y luego se pasa por harina, huevo y pan rallado antes de freírse. El objetivo es conseguir un exterior crujiente con esas características ondulaciones al freírse, mientras el interior permanece jugoso y tierno.

Se sirve habitualmente con patatas fritas, ensalada o chucrut (col agria), y a menudo se acompaña con un gajo de limón para darle un toque de frescura al plato.

Svíčková: carne con salsa dulce

La svíčková es quizás el plato checo más elegante y refinado. Consiste en carne de ternera (originalmente solomillo, aunque hay variaciones) marinada y asada con verduras de raíz, servida con una suave y cremosa salsa de nata.

El secreto está en la cocción lenta de la carne y una mezcla equilibrada de especias como laurel, pimienta de Jamaica y tomillo. La salsa, elemento protagonista, se prepara batiendo las verduras del asado hasta conseguir una textura perfectamente suave con un toque ligeramente dulce.

Se sirve tradicionalmente con knedlíky de pan, una cucharadita de arándanos rojos y una rodaja de limón que aportan un contrapunto agridulce. Este plato tiene raíces en la cocina austrohúngara, pero las versiones checas le han dado un carácter único, convirtiéndose en un elemento imprescindible en bodas, celebraciones y ocasiones especiales.

Si quieres probar la mejor svíčková en Praga, los locales recomiendan restaurantes como U Fleků, Lokál, Café Imperial o U Pinkasů, donde podrás degustar auténticas versiones de este plato emblemático.

Sopas checas que te sorprenderán

En la gastronomía checa, las sopas ocupan un lugar privilegiado, tanto que existe un dicho popular: "Polévka je grunt!" (la sopa es la base) . Estas preparaciones calientes no son solo un primer plato, sino verdaderas obras de arte culinario que calientan el cuerpo y el alma durante los fríos inviernos praguenses.

Kulajda: cremosa y con huevo escalfado

La kulajda es la reina de las sopas checas y uno de los tesoros gastronómicos del sur de Bohemia. Esta cremosa preparación combina patatas, champiñones, crema agria y un distintivo sabor a eneldo fresco. Lo que la hace realmente especial es el huevo escalfado que corona cada ración, aportando una textura sedosa al conjunto.

El nombre tiene variaciones regionales: en las tierras altas se conoce como "kudlavka", mientras que en los distritos de Milevska y Pisek la llaman "kulimajda" . Su preparación tradicional incluye el espesado con harina y un toque de vinagre que le aporta esa característica acidez que equilibra la cremosidad.

Bramboračka: vegetal y reconfortante

La bramboračka o sopa de patata es un clásico 100% vegetal que encanta tanto a locales como a turistas. Elaborada principalmente con patatas, zanahorias, apio, champiñones y especias como mejorana y comino, esta sopa representa la esencia de la cocina campesina checa.

Antiguamente, esta sopa sustanciosa servía como alimento principal para los trabajadores, proporcionándoles energía durante las largas jornadas. El secreto de su sabor está en el sofrito inicial de las verduras con mantequilla, paso crucial para conseguir el máximo sabor . Aunque originalmente se prepare con verduras de raíz, cada familia tiene su propia versión, añadiendo ingredientes según la temporada.

Zelnacka: col y panceta en caldo

La zelnacka (sopa de repollo) es una preparación ancestral que aprovechaba un ingrediente imprescindible en la despensa checa: la col fermentada o chucrut. Esta sopa robusta combina el sabor ácido del repollo con la intensidad de la panceta ahumada, creando un contraste perfecto.

El proceso tradicional de preparación comenzaba con la fermentación del repollo en grandes barriles de 300 litros . Las familias guardaban este ingrediente fundamental para los duros inviernos, cuando las verduras frescas escaseaban. La zelnacka se aromatiza con especias como comino, hoja de laurel y pimentón, y se termina con un toque de nata que suaviza su acidez.

Gulášová: sopa de goulash en pan

Aunque el goulash original es húngaro, los checos han creado su propia versión en forma de sopa: la gulášová polévka. A diferencia del estofado espeso, esta sopa mantiene la esencia del goulash (carne, pimentón y cebolla) pero con una consistencia más líquida y abundantes verduras.

Sin duda, su presentación más espectacular es servida dentro de un pan redondo vaciado de miga, que actúa como recipiente comestible . El contraste entre el caldo especiado y el pan crujiente por fuera y empapado por dentro crea una experiencia gastronómica única. Esta sopa, menos picante que la versión húngara y con abundante cebolla, adquiere un característico color marrón que la distingue .

Las sopas checas demuestran que la cocina de Praga va más allá de las carnes contundentes, ofreciendo experiencias culinarias reconfortantes y llenas de historia.

Comida rápida y de taberna que debes probar

Más allá de los platos principales y las sopas reconfortantes, la experiencia gastronómica en Praga no estaría completa sin descubrir los tentempiés de las tabernas checas. Estas pequeñas delicias son fundamentales en la cultura cervecera del país.

Utopenec: salchicha en vinagre

El utopenec (literalmente "persona ahogada" en checo) es uno de los aperitivos fríos más populares en las cervecerías checas. Consiste en salchichas gruesas encurtidas en un escabeche agridulce con abundante cebolla. Según cuenta la leyenda, fueron inventadas por el cervecero y molinero Šamánek de la región de Beroun, quien buscaba conservar las salchichas sin necesidad de refrigeración durante aproximadamente un mes.

El nombre, aunque macabro, tiene una historia: supuestamente surgió porque Šamánek se ahogó al intentar reparar la rueda de su molino, aunque también podría deberse a que las salchichas están "ahogadas" en escabeche. Sea como fuere, los checos llevan más de cien años disfrutando de este peculiar manjar. Cada familia tiene su propia receta, añadiendo ingredientes como pimiento picante, pepinillos o col.

Klobása: salchicha a la parrilla

La klobása es la versión checa de la salchicha a la parrilla, cocinada frecuentemente con cerveza. Este recurso rápido y económico se sirve con mostaza y se puede encontrar fácilmente en los puestos callejeros de Praga. La variante más recomendada es la "Pražská klobása" (salchicha de Praga), de color rojo intenso y ligeramente picante, idealmente acompañada con pan negro tradicional.

Esta salchicha es muy similar a las que se encuentran en la zona alemana de Baviera, reflejando la influencia centroeuropea en la gastronomía checa. Su precio oscila entre 50 y 80 CZK (2-3€), convirtiéndola en una opción económica y sustanciosa.

Chlebíčky: bocados abiertos

Los chlebíčky son pequeños sándwiches abiertos inventados en 1916 por Jan Paukert, cuando fundó una charcutería que se haría famosa gracias a estos canapés. Estas rebanadas de pan cubiertas con ingredientes fríos surgieron cuando un amigo de Paukert, el pintor Jan Rytíř Skramlík, le pidió aperitivos más grandes que pudieran comerse en dos o tres bocados.

La base tradicional es una rebanada de pan "veka" checo untada con mantequilla o mayonesa y decorada artísticamente con huevo duro, pepinillos, pimiento, tomate, jamón cocido y queso. Actualmente, no hay celebración familiar o profesional en Chequia que no incluya chlebíčky en su oferta gastronómica.

Nakládaný hermelín: queso con carácter

El nakládaný hermelín es la joya de las tapas checas para vegetarianos. Se trata de queso hermelín (variante checa del camembert) marinado en aceite con especias. Este queso, cuyo nombre deriva de la "piel de hermelín" (capa de armiño usada por los reyes) por su característica capa blanca de moho, se comenzó a fabricar hace 60 años en la lechería de Sedlčany.

Para su preparación, se corta en triángulos o mitades horizontales y se marina con ajo, cebolla, pimiento y especias en aceite de girasol, dejándolo reposar varios días para que los sabores se intensifiquen. Idealmente, debería reposar una semana completa antes de consumirlo, aunque esto requiere "una gran fuerza de voluntad" según los locales. Se sirve tradicionalmente con pan de centeno como acompañamiento perfecto para la cerveza checa.

Dulces y postres típicos de Praga

Para completar el viaje gastronómico por Praga, los dulces checos ofrecen una experiencia única que combina tradiciones antiguas con sabores inolvidables. Estos postres representan una parte esencial de la cultura checa.

Trdelník: el dulce más popular

El trdelník es un postre que encontrarás en puestos callejeros por todo el centro histórico de Praga. Aunque se presenta como tradicional checo, en realidad tiene orígenes en Transilvania y Hungría. Esta masa similar al brioche se enrolla en cilindros metálicos, se hornea a la parrilla y se espolvorea con azúcar y canela, creando una textura crujiente por fuera y suave por dentro. Desde principios del 2000, ha proliferado entre los turistas, vendiéndose ahora con rellenos modernos como helado, chocolate y frutas.

Palačinky: crepes dulces o salados

Los palačinky son las crepes checas, similares a las francesas pero con personalidad propia. Su versatilidad permite disfrutarlos tanto dulces como salados. La masa básica, neutra en sabor, se prepara con leche, huevos, mantequilla y harina. Tradicionalmente se sirven untados con mermelada de fresa, enrollados y espolvoreados con azúcar glass, aunque también existen versiones rellenas de requesón con pasas o incluso de amapola molida con azúcar.

Perníky: pan de jengibre checo

Los perníky (galletas de jengibre) tienen profundas raíces en la cultura checa. Este dulce, especialmente popular en Navidad, comenzó a fabricarse en las Tierras Checas en 1335. La receta tradicional incluye harina, miel, especias como canela, clavo y anís, y se hornea hasta obtener un color dorado. Las artesanas checas son reconocidas mundialmente por su técnica de decoración con glaseado blanco que asemeja encajes delicados.

Dumplings de fruta: plato dulce principal

Los dumplings de fruta representan una peculiaridad checa: son considerados plato principal y no postre. Esta delicia estacional empieza con las primeras fresas y continúa con albaricoques, arándanos y ciruelas. La masa varía según la región, pudiendo ser de patata o fermentada. Se rellenan con fruta fresca, se hierven y se sirven cubiertos con azúcar glass, mantequilla derretida y, dependiendo de la versión, pan de jengibre rallado o semillas de amapola.

Bebidas locales para completar la experiencia

Ningún viaje a Praga está completo sin probar sus extraordinarias bebidas locales, verdaderos emblemas culturales que cuentan historias de siglos de tradición.

Cerveza checa: tradición y sabor

La relación entre los checos y la cerveza es legendaria. Con un consumo récord de 181 litros per cápita en 2021, la República Checa mantiene su título como el país que más cerveza bebe del mundo. El término "cerveza checa" resuena internacionalmente como sinónimo de las mejores lagers.

La Pilsner Urquell, elaborada en Pilsen desde 1842, fue la primera cerveza tipo pilsner del mundo. Esta creación, obra del maestro maltero Josef Groll, revolucionó la industria cervecera global. Por otro lado, la Staropramen, producida en el barrio praguense de Smíchov, es la segunda cerveza más importante del país. Igualmente destacables son la Budweiser (Budvar), la Kozel (famosa por su versión negra) y la Gambrinus.

Slivovitz: el licor nacional

El Slivovitz (en alemán) o slivovice (en checo) es un aguardiente de ciruelas considerado la bebida nacional. Con un contenido alcohólico entre 40-55%, este destilado cristalino se produce principalmente en la región de Valaquia.

Este "brandy de ciruelas" se elabora fermentando puré de ciruelas maduras y destilando su jugo. Posteriormente se envejece en barriles de roble de 2 a 10 años. El color varía: marrón indica envejecimiento en madera, mientras que el transparente sugiere acero o vidrio. Muchos lo consideran un excelente digestivo.

Becherovka: digestivo de hierbas

El Becherovka, producido en Karlovy Vary desde 1807, es un legendario licor herbal checo. Este digestivo amargo contiene 38% de alcohol y se elabora siguiendo una receta secreta que incluye 32 hierbas y especias, aguas termales de Karlovy Vary y azúcares naturales.

La fórmula es tan valiosa que solo dos personas en la fábrica la conocen, realizando la mezcla de hierbas semanalmente en una cámara acorazada. Se recomienda tomarlo frío o en el famoso cóctel "beton" (Becherovka con tónica), una creación checa que se presentó internacionalmente en la Expo de Montreal de 1967.

Conclusión

Al final de nuestra aventura gastronómica por Praga, queda claro que esta ciudad ofrece mucho más que monumentos históricos y calles empedradas. La cocina checa, sin duda, representa el alma de este país centroeuropeo a través de platos contundentes, sabores profundos y tradiciones culinarias centenarias.

Desde el majestuoso koleno que desafía incluso a los comensales más voraces hasta las reconfortantes sopas que calientan el espíritu durante los fríos inviernos praguenses, cada bocado cuenta una historia. Los checos han perfeccionado el arte de crear platos sustanciosos que, además, resultan sorprendentemente asequibles para el viajero.

Durante tu visita a Praga, atrévete a explorar más allá de los restaurantes turísticos. Las auténticas cervecerías locales te ofrecerán esos deliciosos utopenec y nakládaný hermelín que maridan perfectamente con una refrescante Pilsner Urquell o una oscura Kozel. Después, pasea por las calles del casco antiguo mientras saboreas un trdelník recién hecho, aunque sepas que no es tan tradicional como parece.

La gastronomía checa también refleja su posición geográfica e histórica en Europa Central, adaptando influencias de sus vecinos para crear algo único y auténticamente propio. Por eso encontramos similitudes con platos húngaros, alemanes o austriacos, pero siempre con ese toque especial checo.

Ciertamente, visitar Praga significa sumergirse en una experiencia culinaria completa donde la comida y la bebida forman parte esencial de la cultura local. Los checos disfrutan de sus alimentos sin prisas, especialmente cuando van acompañados de su preciada cerveza, estableciendo así una relación casi sagrada entre gastronomía y sociabilidad.

Por tanto, cuando planees tu próximo viaje a la capital checa, deja espacio en tu itinerario para sentarte tranquilamente en una taberna tradicional, pedir un goulash con knedlíky y una cerveza local, y observar cómo los praguenses disfrutan de su tiempo. Entonces entenderás verdaderamente el alma de esta fascinante ciudad, un bocado a la vez.

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